La economía mexicana se vuelve un circo: las cebollas son el nuevo oro y los pollos están de remate

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Damas y caballeros, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ha soltado su más reciente boletín económico, que se lee más como el guion de una comedia de enredos que como un informe serio. Resulta que los precios al productor subieron un 2.99% anual, una cifra que básicamente significa que todo es un caos controlado. Mientras algunos se hacen de oro, otros apenas si pueden pagar el desayuno, en una montaña rusa financiera que ni en los parques de diversiones más arriesgados.

En la esquina de los ganadores, pesando toneladas de billetes, tenemos a los mineros. Los precios de sus actividades se dispararon un glorioso 13.09% anual, lo que quiere decir que el oro y la plata brillan más que nunca en sus bolsillos. A ellos se une la gasolina, que subió un 4.96% para recordarte que el verdadero lujo no es un reloj caro, sino poder llenar el tanque del coche sin tener que vender un riñón en el mercado negro.

Pero ahora, un momento de silencio por los grandes perdedores de esta batalla económica: las aves. Los pobres pollos sufrieron un desplome bíblico del 19.57% en sus precios, volviéndose más baratos que un chiste malo. Mientras tanto, en un giro dramático, la cebolla (33.17%) y el huevo (31.05%) se coronaron como los reyes indiscutibles de la inflación, demostrando que en esta economía, un buen desayuno ranchero es un lujo para potentados.

El campo mexicano parece un manicomio donde las reglas no tienen sentido. Mientras tu aguacate y tu papa bajaron de precio para que al menos puedas hacerte un guacamole de consolación, el jitomate subió para aguarte la fiesta. Es la clase de esquizofrenia económica donde el universo te da una de cal por dos de arena, y la arena viene con sobreprecio.

Para rematar el absurdo, los servicios de esparcimiento y los educativos también se fueron para arriba. Claro, porque después de pagar una fortuna por una cebolla, lo que más te sobra es dinero para ir a un concierto o inscribirte a un curso sobre cómo sobrevivir al apocalipsis financiero. Al menos los hoteles bajaron un poco de precio, por si necesitas irte a llorar a una habitación lejos de tu recibo del supermercado.

En resumen, el panorama es un disparate total. La moraleja de este informe es que vendas tus gallinas, compres cebollas como si no hubiera un mañana y te dediques a la minería. O mejor aún, simplemente ríete, porque si intentas entender esta economía con lógica, lo único que va a subir de precio va a ser tu cuenta del psiquiatra.

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