En un movimiento con el timing de un comediante de primer nivel, la Secretaria Ejecutiva del INE, Claudia Arlett Espino, decidió que la víspera del Proceso Electoral 2026-2027 era el momento ideal para decir «ahí nos vemos». Presentó su renuncia el 8 de septiembre, dejando las llaves en el mostrador justo antes de la fiesta.
Citando valoraciones médicas que requieren «atención prioritaria», Espino concluyó que su salud no estaba para la maratón burocrática. Mientras algunos medios insinúan «jaloneos» internos entre consejeros por el control de comisiones, la realidad es más simple: su doctor probablemente le recetó «cero estrés y evitar discusiones parecidas a peleas por el último postre». La supuesta crisis institucional huele a un drama de oficina magnificado que no merece ni una junta por Zoom. El instituto, con la calma de quien ya vio todo, simplemente sigue adelante.
La silla se ha vuelto más caliente que un comal. Después de que Edmundo Jacobo Molina se aferrara al puesto por 14 años hasta su salida en 2023, la oficina ha visto un desfile de encargados como Miguel Ángel Patiño, María Elena Cornejo y Claudia Suárez Ojeda. Espino, designada en noviembre de 2024 y en funciones desde diciembre, confirma que el puesto es ahora una pasantía de alto riesgo, ideal para quienes gustan de las emociones fuertes y las salidas dramáticas.
La renuncia de esta abogada de origen rarámuri y doctorada por la UNAM deja un hueco, sí. Pero que nadie se alarme. El INE, imperturbable, seguramente ya instaló una puerta giratoria y un sistema de turnos para el siguiente valiente que quiera probar el asiento eyector más famoso de México.



