Con más labia que un vendedor de autos usados y el entusiasmo de quien acaba de descubrir el hilo negro, el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, se fue de gira a Nueva York a venderles el sueño mexicano a un montón de ricachones con más dinero que sentido común. En un evento con nombre rimbombante, la “Semana de Inversión en México”, el canciller se plantó frente a los magnates y les dijo que la política exterior ahora es, básicamente, una agencia de telemercadeo para atraer sus dólares.
Según el funcionario, México es la última Coca-Cola del desierto económico. Recitó la lista de encantos como si fuera un poema: un mercado interno de 130 millones de almas listas para comprar hasta lo que no necesitan, una ubicación geográfica tan estratégica que parece puesta con escuadra y cartabón, una base industrial que ya quisiera la NASA y, por supuesto, una fuerza laboral joven y capacitada, lista para trabajar con una sonrisa de oreja a oreja. “Nuestro trabajo es convertir los intereses en billetes”, parafraseando su mensaje, “México es como ese amigo que siempre paga la cuenta: entrega resultados”.
La nueva estrategia, explicó Velasco con una emoción que casi contagiaba, es poner a la diplomacia a chambear de verdad. Se acabaron los canapés aburridos y las charlas sobre arte barroco. “Estamos convirtiendo nuestra red de más de 160 embajadas y consulados en una plataforma para promover el comercio”, afirmó. O sea, que el próximo cónsul que te encuentres, en lugar de tramitarte un pasaporte, intentará venderte acciones en un proyecto de infraestructura o te ofrecerá un paquete de inversión en el sector energético, casi casi a meses sin intereses.
Y para ponerle la cereza a esta gira de ventas, Velasco tuvo una encerrona con el mero mero petatero de las finanzas mundiales, Larry Fink, el mandamás de BlackRock. Un señor que maneja tanto dinero que podría usar billetes de cien dólares para sonarse la nariz. Dicen que hablaron del potencial de la economía mexicana y de las maravillas de la inteligencia artificial, probablemente discutiendo cómo hacer que los robots trabajen el doble por la mitad del sueldo mientras ellos deciden en qué nuevo yate invertir. El mensaje final es claro: saquen la cartera, que México anda en oferta.



