Olmecas de Tabasco Arrasan en Tijuana y se Llevan la Vajilla

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En una muestra de pésima etiqueta como invitados, los Olmecas de Tabasco llegaron a Tijuana para el Juego 1 y trataron el Estadio Toros Mobil Park como su sala de juegos privada. El marcador final de 7-1 no fue tanto una victoria, sino una elegante notificación de desalojo para el orgullo de los Toros.

El maestro de ceremonias de esta demolición fue el pitcher Austin Warner, quien subió al montículo y básicamente les dijo a los bateadores de Tijuana que sus bates eran meros accesorios decorativos. Durante seis entradas completas, Warner permitió apenas tres hits y ponchó a cinco rivales con la misma facilidad con la que uno ignora las llamadas de un banco. La que se suponía era una de las ofensivas más peligrosas de la liga, de pronto parecía un grupo de turistas confundidos buscando el baño.

El desastre para los locales comenzó en la tercera entrada, cuando un rally de cuatro carreras impulsado por Jasson Atondo dejó claro que los Olmecas no habían viajado hasta la frontera para comprar souvenirs. Los Toros, en un acto de heroica desesperación, lograron anotar su única carrera en la séptima, un gesto tan conmovedor como intentar detener una estampida con un silbato. Para asegurarse de que el mensaje fuera recibido, los tabasqueños remataron en la novena con tres anotaciones más, incluyendo un triple de Calvin Estrada y un cuadrangular de José Godoy que sellaron el marcador.

Ahora los Toros enfrentan el Juego 2 este miércoles con la misma expresión de pánico que un estudiante ante un examen sorpresa. Su abridor, Adonis Medina, tiene la titánica tarea de evitar que los Olmecas, además de llevarse otra victoria, se lleven también los focos del estadio como recuerdo.

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