Pues agárrense, porque el último plan maestro del Tío Donald para deportar gente se fue al caño con más velocidad que tu quincena. Resulta que un tribunal de apelaciones en Estados Unidos le dio un portazo en las narices a la idea de que el fisco se convirtiera en el chismoso oficial de la migra. La pandilla de ICE se quedó con la misma cara que pones cuando el cajero automático se traga tu tarjeta el día de pago.
La cosa estuvo así: el gobierno, en un arranque de genialidad digno de un villano de telenovela, pensó que sería una idea fabulosa pedirle al IRS (el SAT de allá) los datos de los contribuyentes para ver a quién podían subir a un avión de regreso. Pero tres jueces, seguramente después de su cafecito matutino, dijeron «nanay» por unanimidad. Recordaron que desde los tiempos de Nixon y sus travesuras en el Watergate, la información de tus impuestos está más protegida que la receta secreta del mole de la abuela. El Congreso le puso un candado de tres vueltas a esa puerta para evitar que el gobierno usara los datos fiscales para molestar a sus «enemigos», y parece que el candado sigue funcionando.
Aquí viene la parte que parece sacada de un guion de comedia: millones de inmigrantes indocumentados pagan sus impuestos religiosamente, pensando que eso les ayuda a portarse bien con el Tío Sam. Y el gobierno quería usar esa misma prueba de buena fe para localizarlos y darles una patada. Es como si le dieras la dirección de tu casa al repartidor de pizza para que, en lugar de una de pepperoni, te traiga una orden de desalojo. Una verdadera joya de la lógica gubernamental.
Al final, los abogados que defendían la privacidad de la gente celebraron como si hubieran ganado el mundial. Uno de ellos declaró que, ¡sorpresa!, las personas sin ciudadanía también tienen derecho a que el gobierno no ande hurgando en sus bolsillos para después echarlos del país. Así que, por ahora, el IRS seguirá enfocado en lo suyo: cobrarle a todo el mundo sin preguntar, mientras la migra tendrá que buscar otros métodos menos ingeniosos y más de la vieja escuela para encontrar a sus objetivos. El gobierno se queda como ese casero tóxico que te exige la renta puntual, pero al mismo tiempo te busca pretextos para correrte del departamento.





