En las oficinas de Tigres el pánico es palpable, como el de alguien buscando un cargador con 1% de batería. Tras la partida de André-Pierre Gignac y la venta de Ángel Correa, su ataque tiene un hueco más solitario que un calcetín sin par, urgiendo la llegada de un nuevo artillero.
El objeto del deseo, su «match» perfecto en el Tinder futbolístico, es Arthur Cabral, cañonero brasileño del Botafogo. Las negociaciones avanzan con la velocidad de un caracol reumático, mientras la directiva reza para no quedar en «visto». Pero como la desesperación es mala consejera, ya tienen un plan B. Según reportes de Fox Sports México, el uruguayo Emiliano Gómez, del Puebla, fue ofrecido como quien deja un folleto bajo la puerta. A sus 24 años, Gómez es la opción práctica, el equivalente a pedir pizza cuando el restaurante de lujo cancela tu reservación de aniversario.
El currículum del charrúa no vuela la cabeza, pero es cumplidor: 14 goles en 63 partidos de Liga MX y tres anotaciones más en siete encuentros de Leagues Cup. El propio entrenador felino ya confesó que concretar incorporaciones ha sido más difícil que armar un mueble de IKEA sin instructivo, confirmando que la búsqueda es casi una misión suicida.
Al final, Tigres coquetea con el exótico manjar brasileño mientras le guiña un ojo al confiable uruguayo. Una telenovela de fichajes donde el terror a quedarse solos en el área los obliga a buscar a quien sea que sepa dónde está la portería y cómo meter el balón dentro.





