Presentan una IA tan lista que ya exige las llaves del coche y la tarjeta de crédito

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Parece que los días en que la inteligencia artificial era un simple programita de charla para matar el tiempo han terminado. OpenAI acaba de soltar a su nueva criatura, llamada GPT-6 Astra, que es básicamente el equivalente a ese sobrino que pasó de jugar con mocos a resolver ecuaciones diferenciales en un fin de semana. El foco de los ricachones de la bolsa ya no está en lo listos que son estos modelos, sino en cuánta plata costará mantenerles el carísimo estilo de vida que exigen en chips, memoria y centros de datos.

La nueva joya de la corona, Astra, ya no se limita a escribirte un poema malísimo o a darte una receta de pastel. Ahora puede usar la computadora mejor que tú, programar, investigar y hacer tareas complejas de principio a fin, como si fuera un empleado del mes que no necesita pausas para el café. Su capacidad de aprendizaje es tan bestial que en una prueba sacó un 99,9%, mientras que el modelo anterior se quedó en un humilde 7,8%, la misma calificación que sacabas en gimnasia por simplemente presentarte.

Este salto cuántico ha provocado que los fabricantes de componentes estén más emocionados que un niño en una dulcería. El director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, prácticamente anunció en redes sociales que la singularidad había llegado, mientras ordenaba poner a trabajar otras 400.000 de sus unidades de procesamiento gráfico. Y es que para entrenar a Astra se necesitaron más de 100.000 sistemas de Nvidia, lo que demuestra que esta nueva mente digital tiene un apetito por los fierros más voraz que el de un taller mecánico.

Por supuesto, mantener a un genio tiene su precio, y este no es barato. Usar a Astra cuesta 2,5 veces más que su predecesor, una cifra que hace sudar frío a los directores financieros. Empresas como Microsoft y Oracle ya están haciendo fila para invertir en la carísima infraestructura que necesita esta diva digital, que ahora no solo exige los mejores chips, sino también más memoria, redes, almacenamiento y energía que un centro comercial en plena venta navideña.

Al final, los analistas se rascan la cabeza con la misma duda que un padre primerizo: ¿valdrá la pena el gasto? La nueva inteligencia artificial es increíblemente capaz, pero su adopción masiva depende de si genera suficientes ingresos como para justificar su estratosférico costo de mantenimiento. De lo contrario, las empresas habrán invertido miles de millones en el trabajador digital más brillante de la historia, uno que probablemente usará su inteligencia superior para averiguar cómo poner a toda la humanidad en un plan de despido voluntario.

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