Eduardo Elsztain, un pez gordo del ladrillo argentino, sacó el manual de excusas nivel experto para justificar por qué tiene plata metida en las Islas Malvinas. Resulta que su diminuta participación del 2% en la Falkland Islands Company no es para hacer negocios, ¡qué va!, es parte de un plan ultrasecreto para recuperar las islas. Básicamente, su estrategia es convertirse en el dueño de una parte ínfima de la tiendita de la esquina para que un día le entreguen el archipiélago entero.
En una carta más emotiva que telenovela de las tres de la tarde, publicada en su LinkedIn, Elsztain explicó su lógica aplastante. Según él, si Argentina se hubiera involucrado económicamente, la guerra se habría evitado, un consejo que aparentemente le dio su abuelo Isaac. Esta estrategia suena a «si no puedes con ellos, úneteles… comprando una parte minúscula de su empresa» y esperando que por arte de magia se sientan invadidos por tu capital.
Para darle más peso a su argumento, recordó que hasta el mismísimo Perón intentó comprar la empresa, lo que demuestra que su idea no es tan descabellada, solo un poco reciclada y con menos éxito. De hecho, él mismo intentó quedarse con el control total en 2017, pero los británicos le cerraron la puerta en la cara más rápido que a un vendedor de enciclopedias. Al final, se tuvo que conformar con las migajas, ese patriótico 2% que hoy defiende con uñas y dientes.
Todo este drama patriotero estalló justo cuando el presidente Milei anunció que se pondría más duro que pan de ayer con las empresas que operan allá. Mientras el gobierno afila las garras, Elsztain tuvo que salir a defenderse porque en las redes sociales ya lo tildaban de «traidor». Él, por supuesto, se quejó de las «teorías conspirativas», como si comprar acciones en la empresa principal del «enemigo» no fuera a levantar algunas cejas.
Lo más gracioso del asunto es que la compañía en la que invirtió ni siquiera se dedica al petróleo, el principal foco de las sanciones actuales. Pero la guinda del pastel la puso el propio canciller, quien salió a defenderlo diciendo que de traidor no tenía nada. Así que, mientras medio país lo critica, el gobierno le da una palmadita en la espalda por su plan de reconquista a través de las compras minoristas.
En resumen, la nueva estrategia argentina para la soberanía parece sacada de un manual de «cómo influir en la gente y ganar archipiélagos». Si el plan de Elsztain funciona, quizás en unos años veamos al país intentando recuperar Gibraltar comprando acciones en una tienda de té. Por ahora, su 2% sigue siendo solo eso: un 2% que genera un 100% de polémica.





