¡Atención, mortales! La economía de Estados Unidos, esa máquina imparable de sueños… y deudas, acaba de sacar músculos y crear 162,000 nuevos empleos en agosto, una cifra que hizo que los analistas se atragantaran con su café de la mañana. Por supuesto, esto le viene a Donald Trump como anillo al dedo para sus discursos, justo antes de que los demócratas intenten aguarle la fiesta en las elecciones. El mercado laboral mantiene un crecimiento tan constante que hasta las cifras de junio y julio fueron corregidas para añadir 55,000 puestos más, como si hubieran encontrado trabajadores perdidos detrás de un sofá.
¿Y dónde están estos maravillosos puestos de trabajo, se preguntarán? Pues la mayoría en restaurantes y bares, que añadieron 59,000 almas a sus filas, superando por mucho el promedio anual. Así es, el futuro de la nación está en saber tomar una orden y sonreír mientras te piden la cuenta por separado. Las escuelas públicas también se pusieron las pilas y recuperaron 42,000 empleos, probablemente para enseñar a la nueva generación cómo calcular la propina de esos 59,000 nuevos camareros.
Pero no todo es color de rosa en el paraíso del Tío Sam. Mientras se contrataban expertos en freír papas, el sector de tecnología de la información echó a la calle a 23,000 personas. Parece que el país prefiere a alguien que te sirva una hamburguesa con queso que a quien diseña la aplicación para pedirla. La tendencia es tan clara que en el último año este sector ha perdido un promedio de 8,000 empleos mensuales, como si las computadoras hubieran decidido independizarse.
Hasta el sector salud, que siempre es un caballo ganador con una población que envejece, anduvo más lento que una tortuga con reuma, sumando apenas 13,000 puestos. Por otro lado, la construcción y la manufactura sumaron algunos empleos, seguramente para construir más restaurantes donde los recién despedidos del sector tecnológico puedan ir a ahogar sus penas en una malteada.
Y aquí viene la parte que el gobierno te cuenta en voz bajita para que no escuches bien. El salario promedio por hora subió un glorioso 3.1%, ¡qué fiestón! El único detallito es que la inflación subió más, así que en la práctica, tu sueldo compra menos aguacates que el año pasado. Es como si tu jefe te diera un aumento, pero la vida te cobrara una nueva suscripción mensual para poder respirar.
En resumen, el mercado laboral estadounidense es una maravilla estadística donde hay más gente trabajando, los números se ven preciosos en las gráficas y los políticos tienen algo que celebrar. Lo único malo es que muchos de esos trabajadores ahora tienen que hacer malabares para decidir si pagan la luz o se compran un café. ¡Pero oye, al menos hay trabajo sirviendo ese café





