Alemania revive fantasmas del pasado con más entusiasmo que tu tío en la cena navideña

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Pues resulta que en Alemania desempolvaron el baúl de los recuerdos y sacaron algo que olía a naftalina y a problemas. La región de Sajonia-Anhalt, que suena a nombre de princesa de cuento de hadas con problemas de alcohol, decidió que la política tradicional era más aburrida que ver secar la pintura. Así que, en un giro de los acontecimientos más inesperado que encontrar dinero en un pantalón viejo, el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) arrasó con un 44.4% de los votos, dejando a los conservadores de siempre con cara de no entender la indirecta, como cuando le sigues hablando a tu ex.

El plan maestro de la AfD, digno de un villano de telenovela de las tres de la tarde, es simple: menos inmigrantes, más amiguitos en Rusia, adiós al euro y un patriotismo tan desacomplejado que hace que tu primo el que pone el himno en las fiestas parezca un moderado. Mientras tanto, el canciller Friedrich Merz tiene la popularidad de una multa de tráfico, y su partido quedó tan rezagado que casi necesita binoculares para ver al ganador. Los votantes básicamente le dijeron que sus reformas económicas les importaban tanto como el horóscopo.

El líder local de la AfD, un joven entusiasta llamado Ulrich Siegmund, ya se siente presidente del universo y anda prometiendo que esto es solo el calentamiento para conquistar el país en 2029. El resto de los partidos políticos, por supuesto, han jurado por la memoria de sus abuelitas que no formarán gobierno con ellos, creando un bonito embrollo donde nadie sabe quién va a gobernar. Es como organizar una fiesta y que el único que trae botana sea el invitado que todos odian. La única esperanza de compañía que tienen es un partido de extrema izquierda, lo que sería el equivalente político a mezclar pizza con piña.

Y no crean que esto es un chiste local. La AfD ya es el partido más popular en todo el país, según las encuestas, superando a los demás con la misma facilidad con la que uno le gana al sobrinito en el FIFA. Su popularidad crece más rápido que la lista de series pendientes. Así que mientras los alemanes deciden si quieren volver a los «buenos viejos tiempos» o seguir en este siglo, nosotros solo podemos observar con una bolsa de palomitas. Esto promete más drama que un grupo de WhatsApp familiar.

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