En un giro de eventos que solo podría ocurrir en este manicomio llamado siglo XXI, el expresidente Donald Trump desempolvó la calculadora y, desde la comodidad de su trono dorado (o un inodoro, la inspiración llega en lugares extraños), decidió que es un excelente momento para pasarle la factura a sus «amigos» europeos. A través de una publicación en su red social favorita, el magnate exigió que le reembolsen hasta el último centavo de los misiles y municiones enviados a Ucrania, como si fuera ese compa que te cobra la cerveza que te invitó en 2015.
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«Oigan, ¿recuerdan esos cientos de miles de millones de dólares en juguetitos bélicos que les mandamos de buena onda?», pareció decir Trump entre líneas. «Pues resulta que la buena onda ya caducó. ¡A pagar, morosos!». Amenazó con cerrar la tienda de armas gringa para los aliados, dejándolos más desprotegidos que un aguacate en un partido de fútbol. «Vamos a pedir ese dinero, aunque sea tarde», sentenció, confirmando que nunca es mal momento para arruinar una amistad por una deuda vieja.
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Además, el hombre del peinado que desafía la gravedad aprovechó para desmentir los chismes de que su arsenal se está vaciando más rápido que una botella de tequila en fiesta de fin de año. Según él, no es que se estén quedando sin municiones por la guerra en Ucrania o, como dice un informe despistado, en Irán; es que las están «guardando para nosotros». Una excusa que suena sospechosamente a «no te presto mi coche porque lo voy a usar», aunque esté acumulando polvo en el garaje. ¡Prioridades, señores! Primero el ego, luego los compadres.
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Así que, mientras en Washington hacen cuentas para ver si con lo que recuperen de Europa les alcanza para un nuevo campo de golf, los líderes del viejo continente probablemente están revisando debajo de los cojines del sofá a ver si encuentran unas monedas. Porque cuando el cobrador se pone exigente, más vale tener la cartera a mano o prepararse para recibir una llamada a las tres de la mañana.





