Jefe de Broadcom presenta pronóstico meh y luego promete una avalancha de dinero que ni el Tío Rico

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Justo cuando los inversionistas empezaban a pensar que Broadcom se estaba quedando atrás en la fiesta de la inteligencia artificial, su director ejecutivo, Hock Tan, apareció con un discurso más optimista que horóscopo de revista. Después de presentar un pronóstico para el cuarto trimestre que dejó a Wall Street con cara de lunes, el hombre sacó su mejor labia de vendedor de enciclopedias y prometió un futuro tan brillante que necesitarán gafas de sol para ver sus informes financieros.

Las cifras que lanzó son para enmarcar. Según Tan, los ingresos por chips de IA se duplicarán a unos 115.000 millones de dólares en 2027, y luego, como si fuera poco, se dispararán a 230.000 millones al año siguiente. Es el tipo de promesa que hace un político en campaña, pero con semiconductores de por medio. La audacia fue tal que las acciones, que habían caído, se recuperaron al instante, demostrando que a los mercados les encanta un buen cuento de hadas.

El negocio de Broadcom se basa en un club exclusivo de clientes multimillonarios. Tienen apenas seis clientes importantes, pero cuatro de ellos, según el propio Tan, «van a ser realmente enormes». Gigantes como Google, OpenAI y Meta están haciendo fila para comprar sus chips, y la nueva estrella del rock, Anthropic, se convertirá en su mayor cliente en 2027. La demanda es tan brutal que Broadcom tiene más pedidos que capacidad para producir, el problema más lujoso del mundo.

Para que nos hagamos una idea de la escala de este delirio tecnológico, los chips que Broadcom venderá a sus clientes consumirán una cantidad de energía equivalente a la producción de unas 20 centrales nucleares. Y como estos juguetitos son más caros que un capricho de millonario, Broadcom ha tenido que armar un sistema de financiamiento con Apollo y Blackstone para que sus clientes puedan pagarlos. Básicamente, te venden el Ferrari y además te ofrecen un crédito para la gasolina.

Fiel a su estilo, Hock Tan no perdió la oportunidad de lanzarle un dardo a su archirrival, Nvidia. Afirmó que su nuevo chip, desarrollado con Google, es igual o mejor que la nueva línea de la competencia. Es el equivalente corporativo a una pelea de gallos, donde el ego es tan importante como los beneficios por acción.

Al final, Broadcom está apostando su futuro a un crecimiento exponencial que suena más a ciencia ficción que a un plan de negocios. El CEO ha prometido el oro y el moro, y ahora solo queda ver si es un genio visionario o si en unos años estará vendiendo manuales de cómo hacerse rico por internet. La apuesta está sobre la mesa, y es del tamaño de un país pequeño.

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