Ursula von der Leyen, esa jefa de la Comisión Europea que habla con la calma de quien ya vio demasiadas reuniones eternas, salió este miércoles a decir que el intento de ataque con drones en Leipzig, atribuido a Rusia, es la gota que colma el vaso continental. Y no cualquier vaso: uno de esos de fiesta donde todo el mundo finge que no está pasando nada hasta que vuela el mantel.
Según contó en Bruselas, se trató de material de uso militar manejado por agentes rusos en pleno territorio de la Unión Europea. Si la cosa hubiera salido bien (para ellos, mal para todos los demás), podría haber habido víctimas. Traducción libre: alguien intentó montar un numerito aéreo de mal gusto en Alemania y Europa respondió con el clásico “ahora sí que nos tocaron el orgullo”.
Von der Leyen soltó la frase de rigor: Europa y la OTAN no solo van a mantener la presión sobre Rusia, sino que la van a subir como quien le echa más picante al guiso cuando el invitado se queja de que está soso. “No nos detendremos”, dijo, con esa determinación de quien ya no acepta excusas ni de “se me fue la mano con el control remoto”.
Añadió que esto forma parte de una tendencia más amplia de incidentes cada vez más peligrosos. Los europeos, según ella, se enfrentan a la dura realidad de que esta es la nueva normalidad. O sea, ese momento en el que te das cuenta de que el vecino ruidoso ya no es solo ruidoso, sino que empezó a tirar cosas por la ventana y nadie sabe si es broma o preludio de desastre.
Mark Rutte, secretario general de la OTAN, se sumó al coro y calificó a Rusia de “cada vez más temeraria”. Como ese cuñado que en la sobremesa pasa de contar chistes malos a querer demostrar que sabe manejar fuegos artificiales… dentro del comedor.
En resumen: un intento de droneo en Leipzig, dedo acusador hacia Moscú, promesas de más presión y la sensación colectiva de que el continente se está poniendo el casco. Mientras tanto, la nueva normalidad europea parece consistir en mirar el cielo con sospecha y preguntarse si esa lucecita lejana es un avión, un drone o simplemente la paciencia colectiva haciéndose humo.





