Mientras otras petroleras salieron corriendo de Venezuela hace años como si hubieran visto un fantasma, Chevron se quedó aguantando vara, actuando como ese amigo terco que se niega a irse de una fiesta en decadencia. Pues resulta que la fiesta está a punto de revivir, y Chevron acaba de anunciar que pondrá 7.000 millones de dólares sobre la mesa para ser el rey de la pista. Su plan es más que duplicar la producción de crudo, en lo que parece ser la apuesta más grande en el casino venezolano desde que se inventaron las fichas.
La compañía estadounidense se adjudicó el derecho a explotar dos yacimientos gigantescos en el Cinturón del Orinoco, una zona tan rica en petróleo que probablemente si cavas un hoyo en el jardín, sale crudo. El director ejecutivo, Mike Wirth, básicamente dijo que están consolidando una posición en «una de las mejores formaciones geológicas del país», que es la forma elegante de decir que encontraron una mina de oro negro tan rentable que es casi un abuso. Producir un barril les costará menos de 20 dólares y lo venderán a unos 94. Un negocio redondo.
Esta movida es la inversión más jugosa en el país desde que el antiguo líder Nicolás Maduro fue capturado. Wirth, con la tranquilidad de quien sabe que tiene las cartas ganadoras, aseguró que cuentan con «protecciones significativas» para salvaguardar su inversión, aunque no soltó prenda sobre los detalles. Esto puede significar desde un contrato blindado hasta un equipo de abogados que dan más miedo que una factura de impuestos. La empresa incluso espera volver a poner en sus libros las reservas que ya había dado por perdidas.
La historia de Chevron en Venezuela es para escribir una novela. Durante años, aguantaron las críticas de todos los bandos: unos los acusaban de financiar un régimen corrupto y otros los veían como el mismísimo demonio del imperialismo. Mientras tanto, ellos se dedicaron a hacer mantenimiento y a cobrar deudas, esperando pacientemente su momento. Fue el juego de ajedrez más largo y tenso de la historia corporativa, y parece que por fin están a punto de gritar «jaque mate».
Con esta inversión, la producción de Chevron podría llegar a 600.000 barriles diarios para 2031, lo que aumentaría la producción total de Venezuela en casi un 30%. Sigue estando a años luz de los casi 3,5 millones de barriles que producían en los noventa, pero es un comienzo. El jefe de Chevron agradeció a la gente que trabajó durante años de «incertidumbre y ansiedad». En otras palabras, gracias por aguantar el chaparrón, porque ahora parece que va a empezar a llover, pero billetes de dólar.





