El nuevo mejor amigo de Trump: un empresario con un currículum más creativo que un guion de cine

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Cuando creías que la política internacional no podía ser más rara, Donald Trump saca un conejo del sombrero y anuncia un acuerdo petrolero con Venezuela. Pero el protagonista de esta historia no es un diplomático de carrera, sino Alejandro Betancourt, un empresario venezolano con un pasado más colorido que una piñata. Al parecer, la Casa Blanca ha decidido que para controlar 65.000 millones de barriles de petróleo, a veces hay que hacerse amigo del chico más polémico del barrio.

Pero, ¿quién es este mago de las finanzas? Betancourt se hizo famoso en Venezuela como uno de los «bolichicos», una generación de jóvenes empresarios que amasaron fortunas con contratos públicos durante la época de las vacas gordas del chavismo. Su empresa, Derwick Associates, se llenó los bolsillos durante la crisis eléctrica del país, obteniendo contratos por los que, según Transparencia Venezuela, se pagaron unos 2.900 millones de dólares en presuntos sobreprecios. Un historial con más curvas que una carretera de montaña.

Como todo buen personaje que se precie, Betancourt intentó un cambio de imagen. Se fue a España y se reinventó como un moderno inversor tecnológico, poniéndole dinero a empresas de gafas de sol como Hawkers. Pasó de los contratos de generación eléctrica a codearse con el mundo digital, intentando proyectar una imagen más limpia que la de un comercial de detergente. Sin embargo, su fortuna original seguía siendo objeto de más escrutinio que la cuenta del restaurante en una primera cita.

Y aquí es donde la trama se pone mejor que una serie de espías. Resulta que el gobierno de Trump, en su búsqueda de socios para reactivar la industria petrolera venezolana, le echó un ojo a Betancourt. Según los informes, revisaron su controvertido pasado, se encogieron de hombros y decidieron que su habilidad para sacar petróleo del subsuelo era más importante que los chismes. Básicamente, le echaron una ojeada a su historial, se taparon la nariz y le dieron la bienvenida al club.

Para rematar este giro de guion, el socio estadounidense de Betancourt, quien lo conectó con Washington, fue convenientemente presionado para que vendiera su parte y saliera del negocio justo antes del gran anuncio. Así, Betancourt quedó como la figura central del acuerdo. El hombre que construyó su fortuna en medio de la controversia venezolana ha vuelto a sus raíces energéticas, pero esta vez, de la mano del Tío Sam, demostrando que en el mundo de los negocios y la política, la memoria es corta y el petróleo es muy, muy espeso.

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