En un giro argumental más predecible que el final de una telenovela, el gobierno de Estados Unidos acaba de admitir que se le «chispoteó» un pequeño detalle en sus cuentas. Resulta que el crecimiento del empleo hasta marzo no fue tan espectacular como nos habían pintado. La Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) tuvo que recalcular y descubrió que hay 79.000 empleos menos de los que había contado, un error que a cualquiera se le pasa cuando está contando hasta varios millones.
Lo más cómico del asunto es que los economistas encuestados por Bloomberg, esos genios que se supone entienden de estas cosas, habían pronosticado un aumento de 183.000 puestos. Es como esperar a Papá Noel en Navidad y que en su lugar llegue el cobrador del alquiler. La realidad, una vez más, le dio un guantazo a las proyecciones optimistas, demostrando que las hojas de cálculo a veces tienen más imaginación que un guionista de Hollywood.
Con este ajuste, el crecimiento promedio de empleos mensuales se parece más a una propina que a un sueldo. Pasamos de un aparente y robusto promedio de 17.600 puestos al mes a una cifra más modesta de 11.000. Para que se entienda, es la diferencia entre presumir que vas al gimnasio cinco días a la semana y admitir que en realidad solo vas los lunes a tomarte una foto para las redes sociales. Y para colmo, esta es la séptima vez en ocho años que las revisiones terminan restando empleos, convirtiéndose en una tradición tan fiable como la resaca del primero de enero.
El desglose de este desastre estadístico es aún más revelador. El sector privado perdió la asombrosa cifra de 178.000 empleos, sobre todo en comercio y manufactura, como si se los hubiera tragado un agujero negro. Sin embargo, no todo son malas noticias: el empleo en el sector público fue revisado al alza. Claro, alguien tiene que estar disponible para realizar estas revisiones y volver a contar mal el próximo año.
Este «sincericidio» anual ocurre cuando la BLS compara sus cálculos rápidos con datos fiscales más serios, un proceso que siempre saca los colores a las primeras estimaciones. La situación se ha vuelto tan tensa que el año pasado, después de una pifiada similar, el expresidente Donald Trump despidió al director de la agencia. Ahora, un nuevo valiente, Brett Matsumoto, está al frente del changarro.
Así que, con un nuevo capitán en el barco de las estadísticas, el mundo financiero contiene la respiración esperando las próximas cifras. Esperemos que al menos le hayan dado una calculadora con las pilas nuevas. No vaya a ser que en el próximo informe descubran que la economía en realidad funciona con un sistema de trueque de memes y figuritas del mundial.





