El Tesoro argentino se enfrentó a una de esas fechas de vencimiento que te hacen sudar frío, como cuando llega el resumen de la tarjeta de crédito después de las vacaciones. La misión, digna de un espía con problemas de presupuesto, era convencer a los acreedores de que no se llevaran su plata, sino que la dejaran “un ratito más”. Al final, lograron refinanciar el 95% de la deuda, un resultado que en la economía argentina se celebra como un empate de visitante en el último minuto.
En el gran casino de las finanzas, el Gobierno tenía una deuda de 12.6 billones de pesos, una cifra con tantos ceros que marea hasta al más pintado. Demostrando un poder de persuasión casi mágico, consiguieron que los tenedores de bonos renovaran 12.16 billones. Sin embargo, ese 5% que se escapó significa que ahora tendrán que soltar unos 440,000 millones de pesos al sistema, como quien abre un poquito la canilla para que no explote la tubería.
Los analistas del mercado, que tienen más olfato para estas cosas que un perro entrenado, ya habían cantado la jugada desde la tribuna. Anticiparon que el equipo económico no buscaría absorber más plata de la necesaria porque el horno no está para bollos. Básicamente, confirmaron que en la economía actual, la audacia se usa con cuentagotas y bajo estricta supervisión de un adulto responsable.
Todo esto es parte de un acto de equilibrismo más delicado que armar una torre de Jenga durante un terremoto. Si el Gobierno ofrecía tasas muy altas para tentar a los inversores, se metía en otro lío. Si no lo hacía, el dólar se podía disparar como cohete en fiesta patronal. Por eso, se concentraron en deudas a corto plazo, porque los inversores confían en el futuro del país más o menos lo que confían en una promesa de político en campaña.
Para lograr este milagro a medias, el Tesoro tuvo que poner un poquito de carnada extra, pagando un pequeño «premio» por encima de lo que marcaba el mercado, como cuando le das un dulce al niño para que se porte bien. Esta movida, considerada «acertada» por los que saben, inyectará algo de efectivo al sistema para aliviar la presión. Se espera que esto calme las aguas, al menos hasta que llegue el próximo resumen de la tarjeta.





