El presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, ha salido al ruedo ministerial como quien descubre que el portero del edificio llevaba meses tirando las quejas al contenedor. Pidió más rendición de cuentas a la policía tras el cabreo monumental por una ristra de desapariciones en la isla de Jeju gestionadas con la delicadeza de un elefante en una cristalería. “La policía será la institución con más poder del Estado”, soltó Lee, y añadió que la gente ya se pregunta si de verdad pueden con el marrón. Traducción libre: a más medalla, más susto si la pierdes detrás del sofá.
Cuatro personas denunciadas como desaparecidas en Jeju aparecieron muertas en tres días. Los casos no tenían nada que ver entre sí, pero dos de ellos los había archivado, al parecer, el mismo agente, sin molestarse en comprobar que los desaparecidos estuvieran vivos, enteros o al menos contestando el teléfono. Resultado: la policía se puso a revolver las 298 denuncias que pasó por las manos de ese funcionario, y unas diez huelen a cierre creativo digno de trampa en el bingo.
Uno de los casos era el de Jang Mi-ran, de 37 años, convertida en polémica nacional cuando resultó que su expediente se había cerrado sin confirmar su paradero. Su cuerpo apareció el lunes, 104 días después. Otro era un hombre de unos 60 cuya familia tuvo que volver a denunciar la desaparición para que alguien se dignara a buscar de verdad… y encontrara el cadáver. Un tribunal mandó el martes a prisión preventiva al agente, acusado de incumplir su deber, falsificar registros oficiales y torpedear la función pública. El hombre niega la mayor y dice que sí contactó con los desaparecidos. Claro, como quien deja un mensaje de voz al vacío y se va a por café.
La policía de Jeju se limitó a un “no hay más comentarios”, esa frase mágica que en redes enciende la hoguera más rápido que un influencer sin filtro. El comisario nacional en funciones, Yoo Jae-seong, pidió perdón y prometió que no se repetirá, que a partir de ahora los casos de desaparecidos solo se archivan con el visto bueno de un superior mientras actualizan el sistema. O sea: ya no basta con que el de la mesa de al lado diga “dale, cierra eso”.
El año pasado hubo 70.814 denuncias de adultos desaparecidos en Corea del Sur; desde 2022 se superan las 70.000 al año, aunque la mayoría se resuelven en 30 días. La ironía del guion llega cuando el Partido Democrático le ha quitado a los fiscales lo que les quedaba de investigación por “historial de abusos” y, a partir de octubre, la policía heredará un trozo mucho más gordo del pastel investigador. Justo ahora, cuando el pastel huele a quemado en Jeju.
En resumen: más poder, más lupa, y la ciudadanía mirando de reojo como quien deja las llaves al cuñado y luego cuenta los cubiertos.





