Las ventas minoristas totales en Estados Unidos bajaron 0.6 por ciento en julio y se ubicaron en 763 mil 600 millones de dólares, el peor resultado en más de un año. Los analistas esperaban un ligero repunte de 0.1 por ciento, pero los hogares decidieron apretar el cinturón con más fuerza que nunca. Excluyendo autos y gasolineras, la caída fue de 0.2 por ciento mensual, como si las tarjetas de crédito hubieran declarado huelga general.
El conflicto iniciado por el presidente Donald Trump contra Irán el 28 de febrero sigue elevando la inflación y reduce el poder de compra de las familias. Los consumidores muestran claros signos de fatiga y prefieren guardar lo poco que les queda antes que seguir gastando. Heather Long, de Navy Federal Credit Union, señaló que las ventas resultaron decepcionantes en todos los rubros medidos por el Departamento de Comercio.
Las ventas en concesionarios de autos cayeron 1.8 por ciento, mientras que las compras en línea se desplomaron 2.2 por ciento. El gasto en supermercados también se redujo ligeramente y las tiendas de aficiones se mantuvieron estables, lo que según Long indica que a la gente ya no le sobra ni un centavo. Aun así, comparado con julio del año pasado, las ventas minoristas subieron 5 por ciento.
Oliver Allen, de Pantheon Macroeconomics, advirtió que podría venir una desaceleración todavía más fuerte en los próximos meses. Los hogares siguen enfrentando el alza de precios y recurren a sus ahorros mientras las expectativas de inflación siguen altas. La combinación de guerra, inflación y menor gasto deja a la economía estadounidense caminando sobre terreno cada vez más resbaladizo.
Los datos reflejan que los consumidores ya no tiran la casa por la ventana como antes. El gasto en aficiones estable sugiere que el presupuesto familiar llegó a su límite. Si la situación no mejora, las tiendas podrían quedarse mirando el escaparate vacío durante mucho tiempo.




