Petrobras, inundada en dinero, sale de compras por Latinoamérica y hasta quiere recuperar a su ex

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La presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, dio un discurso que, traducido del lenguaje corporativo al de los mortales, significa: «Estamos ganando tanta plata que ya no sabemos dónde meterla, pero diremos que es por el bien de Brasil». La petrolera brasileña anunció una ganancia de 10.400 millones de dólares en solo tres meses, un aumento del 97% que básicamente les permite pavimentar las calles con billetes si quisieran.

Como si no fuera suficiente con su propia fiesta, Petrobras decidió cruzar la frontera para resolverle la vida a Colombia. Resulta que encontraron un yacimiento de gas tan grande en aguas colombianas que podría abastecer al país por más de 10 años. Ahora solo están esperando la autorización ambiental, ese pequeño y tedioso trámite burocrático que se interpone entre ellos y convertirse en los nuevos zares del gas en el vecindario.

Y ya que estaban de paseo, se pasaron por México para coquetear con Pemex. Firmaron un «memorando de entendimiento no vinculante», que en el mundo de las citas corporativas es el equivalente a decir «a ver si un día de estos hacemos algo juntos». Planean colaborar en exploración, refinación y hasta en etanol, un acuerdo tan amplio y vago que parece escrito en una servilleta después de unos tequilas.

Pero la verdadera telenovela está en casa. Petrobras anda con ganas de recomprar la refinería de Mataripe, la misma que vendió en 2021 a un fondo de Abu Dabi. Ahora, como quien extraña a un viejo amor y lo ve triunfando con otro, la quieren de vuelta. Eso sí, la presidenta dejó claro que esperan un «precio adecuado», lo que sugiere que quieren recuperar a su ex, pero sin tener que invitarla a cenar a un lugar caro.

El gran plan de la compañía es producir el 100% del diésel que consume Brasil para la próxima década, preferiblemente con Mataripe de vuelta en sus brazos. Quieren asegurarse de que no les falte combustible, una meta tan ambiciosa que suena a que están preparándose para algún tipo de apocalipsis zombi donde los camiones diésel serán la clave de la supervivencia.

En resumen, Petrobras está como ese amigo que se gana la lotería y de repente se vuelve experto en vinos, coleccionista de arte y filántropo internacional. Están invirtiendo en Colombia, negociando en México y tratando de arreglar sus errores del pasado en casa, todo al mismo tiempo. Una estrategia de expansión que mezcla ambición geopolítica con el síndrome del comprador compulsivo.

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