Cientos de miles de repartidores motorizados en Australia van a recibir un aumento salarial tan gordo que parece sacado de un sueño húmedo de fin de mes. A partir de la próxima semana, gracias a una decisión del tribunal de relaciones laborales que ya bautizaron como “líder a nivel mundial”, los que se matan en la moto con apps como Uber Eats y HungryPanda cobrarán 31,30 dólares australianos por hora. O sea, más que el salario mínimo del país, que se queda en 26,44 mirando desde la banqueta como el primo al que no invitaron al asado.
Además, por fin les exigen seguro contra accidentes de trabajo. Las nuevas reglas entran en vigor el 17 de agosto, así que prepárense las plataformas: se acabó el “eres tu propio jefe” mientras te niegan hasta el derecho a caerte de la moto con dignidad. El Sindicato de Trabajadores de Transporte salió a celebrar como quien gana la tómbola del pueblo. “Los repartidores en Australia habían quedado por mucho tiempo fuera de nuestros sistemas laborales”, dijo el secretario nacional Michael Kaine, con cara de quien por fin logró que le pasen el guiso en la mesa familiar.
La ministra de Empleo, Amanda Rishworth, lo calificó de hito para armar una red de seguridad más decente para la gente de la economía de plataformas. Porque, seamos honestos, hasta ahora el modelo era de antología: la app te controla la ruta, el tiempo, la propina y hasta el humor, pero cuando toca pagar derechos te miran y sueltan el clásico “tú eres contratista independiente, campeón”. Traducción libre: trabaja como empleado, cobra como sobrino que hace el mandado y aguántate como adulto que ya no puede quejarse en la casa de los padres.
El Banco Mundial calculó en 2023 que había hasta 435.000 trabajadores de reparto por plataformas en el mundo sin las protecciones básicas que cualquier otro sector da por sentadas. Muchas empresas manejan tareas y salarios con mano de hierro, pero te catalogan de autónomo para saltarse salario mínimo, seguridad laboral y cotizaciones. Un truco tan viejo como decir “esta noche no puedo, tengo que lavar al perro”.
Mientras Australia les sube el sueldo y les pone casco legal a los de la moto, en el resto del planeta los repartidores siguen pedaleando entre el tráfico y la incertidumbre, rezando para que el pedido no incluya sopa caliente y escaleras sin ascensor. Porque si algo quedó claro es que, cuando un tribunal se pone serio, hasta las apps tienen que soltar la billetera… aunque sea entre dientes y con cara de haber perdido la apuesta del siglo.




