El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, volverá la próxima semana a Panamá para apagar las luces del gran ejercicio militar en el que participan una veintena de países. El objetivo oficial es proteger el Canal de Panamá de cualquier ataque, como si el canal fuera un tesoro que hay que vigilar para que nadie se lo lleve en el maletero.
Este será el segundo viaje de Hegseth al país. La primera vez coincidió con las amenazas de Donald Trump de recuperar el canal alegando que lo controlaba China. Ahora regresa el 13 de agosto para clausurar unas maniobras que llevan más de veinte años celebrándose y que este año incluyen entrenamientos en el mar, en la selva y hasta simulacros virtuales de ciberseguridad. Imagínate a militares de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Países Bajos, Perú y Reino Unido corriendo entre mosquitos y lianas mientras intentan no perderse en la jungla.
El embajador estadounidense en Panamá lo definió como una infraestructura estratégica que sostiene el comercio mundial. El ministro de Seguridad panameño, Frank Ábrego, añadió que la mejor forma de preservar la paz es estar preparados para responder juntos ante cualquier amenaza. Traducido al lenguaje de la calle: “Vamos a hacer un simulacro gigante para que nadie se atreva a tocar el canal, aunque todos sepamos que el verdadero peligro es que alguien se quede con las llaves”.
Hegseth llega justo cuando Trump sigue mirando el canal con cara de “esto me gusta y me lo quiero”. Mientras tanto, los ejercicios combinan disparos, navegación y ordenadores, como si fueran a un campamento de verano pero con fusiles y sin permiso para beber ron después de las maniobras.
Al final, Panamá se convierte otra vez en el escenario de un ejercicio multinacional que parece más una reunión de vecinos armados que una operación seria. Hegseth cierra el espectáculo, Trump sigue con la idea de recuperar el canal y los militares de veinte países se van a casa preguntándose si la próxima vez les tocará entrenar también en ciberseguridad contra memes. Porque defender el canal ya no es solo cuestión de barcos y selva: ahora también hay que protegerlo de quien quiera hackear el semáforo de las esclusas.




