Zelenski le reclama a Estados Unidos que le suban los megas y dejen de hacerse los suecos con Putin

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En un giro de guion más predecible que el final de una telenovela, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ha mandado a freír espárragos las declaraciones de Marco Rubio, quien al parecer se enteró ayer de que hay una guerra y la diagnosticó como «estancada». Con la paciencia de un santo en una oficina de gobierno, Zelenski le ha pedido a Washington que deje de mirar las musarañas, le apriete las tuercas económicas a Moscú y, ya de paso, le preste el dron bueno para dominar los cielos.

Informe El Chapucero

«¿Callejón sin salida? ¡Esto parece más bien la rotonda del infierno donde todos dan vueltas sin saber para dónde van!», exclamó Zelenski, probablemente mientras hacía malabares con tres teléfonos y un misil desactivado. El mandatario, harto de la hipocresía nivel «dieta que empieza el lunes», criticó a sus supuestos panas: «No puedes estar planeando un negocio de aguacates con los rusos por la mañana y por la tarde decir que la cosa está muy malita. ¡Decídanse, por el amor de Dios!».

Con la sutileza de un martillo neumático, el líder ucraniano exigió que dejen de financiarle la fiesta a Putin. «¡Ciérrenle el grifo del dinero! ¡Pónganle un cepo al oso ruso! ¡Y activen el Starlink, que el mío va más lento que un desfile de caracoles y los chinos ya le están montando a Putin una red de fibra óptica de última generación!», reclamó, como quien pide la clave del Wi-Fi en un bar. La idea es asfixiar la economía del Kremlin hasta que lo único que puedan exportar sea tristeza y osos de peluche con cara de pocos amigos.

Para darle la vuelta a la tortilla en el campo de batalla, Zelenski sacó a relucir el típico argumento de hermano pequeño: «Oye, a Israel le prestaste el escudo antimisiles sin preguntar cuando Irán le lanzó cuatro petardos. ¿Y a mí qué? ¡Controlen los cielos y les juro que en dos meses Putin estará pidiendo cacao y negociando desde una mesa plegable!». Mientras tanto, en Lisboa, Marco Rubio seguía convencido de que la diplomacia estaba en «punto muerto», una conclusión a la que llegó tras un análisis exhaustivo de cinco minutos.

Este melodrama precede a una cumbre de alto nivel en Miami, donde los enviados especiales de Donald Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff —un dúo con más experiencia en construir torres de lujo que en construir la paz— presentarán un plan maestro. El objetivo es conseguir un titular bonito antes de las elecciones y evitar que el invierno se les eche encima. Se rumorea que entre las «ideas frescas» se incluye un alto el fuego parcial, que es como prometer dejar de fumar fumando solo los fines de semana. Veremos si de la capital del sol sale algo más que un buen bronceado y una resaca monumental.

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