Mientras el periodismo deportivo entraba en pánico colectivo por unos amistosos, Rafa Márquez, cual monje shaolín, inició un peregrinaje por el país. Su misión: encontrar jugadores y, aparentemente, el mejor machacado con huevo del norte. El 15 de octubre, su aura de calma descendió sobre el entrenamiento de Tigres.
Algunos, con la misma lógica de quien juzga una película por el tráiler, insisten en sus cuatro partidos amistosos sin victoria. ¡Amistosos! Esos eventos donde lo más importante es no lesionarse y ver si el tercer portero sabe atarse las agujetas. Rafa, impávido ante el drama, se enfoca en lo real, dejando que los demás se ahoguen en un vaso de agua mineral sin gas. Su gira, que antes lo llevó con Rayados, es una clase magistral de «ignorar el ruido y trabajar», con paradas estratégicas para evaluar el talento local.
En las instalaciones felinas, charló con Víctor Manuel Vucetich y la directiva, probablemente discutiendo tácticas complejas como la presión alta y dónde conseguir cabrito de calidad. Este tour es parte de su plan para la Nations League contra Jamaica. La ida, el 14 de noviembre en Kingston, será el calentamiento. La vuelta, tres días después en el Estadio BBVA, será la confirmación de que la histeria mediática tenía menos fundamento que una dieta basada en pastelillos. El objetivo es claro: avanzar al Final Four y asegurar el boleto a la Copa Oro 2027.
Así que mientras unos ven crisis, Márquez ve un proceso. Un viaje tranquilo para armar un equipo competitivo para los duelos que sí importan. La verdadera presión no es ganarle a Jamaica, sino decidir entre la salsa roja y la verde en la taquería post-entrenamiento que visitó después de ver a los felinos.




