En un giro tan predecible como el final de una telenovela, el Partido Verde renunció a su misión de postular a Ricardo Astudillo en Querétaro. Tras un breve berrinche, aceptaron que competir contra Santiago Nieto era como intentar ganar un maratón en monociclo. El realismo, qué cosa tan maravillosa.
La dirigencia nacional del tucán, con Karen Castrejón y Arturo Escobar, junto a la morenista Citlalli Hernández, viajó a Querétaro para explicar que la matemática electoral es cruel. Aparentemente, el entusiasmo de su aspirante, Ricardo Astudillo, no generaba el mismo fervor que rodea a Nieto, quien fue visto como un “simple ciudadano” arrastrado por una marea de simpatizantes con lonas en un evento de Claudia Sheinbaum. Un fenómeno totalmente espontáneo, claro. Nieto ya había demostrado su calibre patriótico al recordarle al gobierno local que pactar una academia policial con el embajador Ronald Johnson debe pasar por la SRE, no por un apretón de manos. Sheinbaum, con serenidad, respaldó la moción, subrayando que la soberanía no es un buffet. Ante la evidencia, el Verde entendió que su mejor jugada era unirse al equipo que ya tiene capitán, mariscal y, al parecer, toda la porra.
El acuerdo para una candidatura común, a formalizarse en el lejano 2027, demuestra que la política es el arte de saber cuándo dejar de pedalear contra la corriente. Ahora, Nieto y Astudillo recorrerán la entidad juntos, empezando con empresarios para explicarles con calma cómo funciona la gravedad.



