En un movimiento que combina la alta política con el guion de una película de superhéroes de bajo presupuesto, el PAN ha nombrado a Marco Bonilla como el «Defensor de la Patria, la Familia y la Libertad». Su misión, si decide aceptarla: rescatar Chihuahua de fuerzas oscuras y arrugas electorales.
La base de operaciones de nuestro paladín se establecerá en Ciudad Juárez, una metrópolis gobernada por Morena, el aparente archienemigo. Desde allí, Bonilla reveló una conspiración digna de un expediente secreto: la existencia de 120,000 «boletas planchadas» que, según él, aparecieron mágicamente en las elecciones pasadas. Al parecer, la autoridad electoral contó estos artefactos de tela electoral y el Tribunal sentenció que no habría re-planchado, metiendo a Morena en «un gran pedo», según el profundo análisis técnico del flamante defensor. La acusación, lanzada con la solemnidad de quien acaba de descifrar un jeroglífico, busca explicar por qué la aritmética electoral se negó a cooperar con sus expectativas.
Para combatir esta amenaza textil, el PAN desplegará su estrategia más sofisticada: solicitará observadores internacionales. Efectivamente, se pedirán refuerzos globales para vigilar las urnas en Juárez y la Sierra Tarahumara, no vaya a ser que otra tanda de boletas salga impecable de la tintorería. Mientras tanto, el alcalde morenista de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, probablemente sigue ocupado en tareas triviales como la administración pública, completamente ajeno a que su ciudad es el escenario de una batalla épica. El dirigente nacional, Jorge Romero, remató el acto asegurando que harán «lo que tengan que hacer» para conservar Chihuahua, una frase que suena menos a plan de gobierno y más a la promesa de un niño de portarse bien si le compran un helado.
Así, mientras Bonilla se prepara para defender el agua, el campo y la frontera de enemigos invisibles, los ciudadanos esperan que este «jale macizo» al menos incluya tapar un par de baches. La gran cruzada por la «recuperación» ha comenzado, aunque nadie estaba muy seguro de que la ciudad se hubiera perdido.



