El barril de la mezcla mexicana amaneció coqueto, cotizándose en 99.6 dólares este 19 de octubre, según Petróleos Mexicanos. Un precio que casi pide que lo inviten a cenar y le paguen la cuenta, demostrando que el oro negro nacional anda de muy buen humor y con la cartera llena.
Pero la noticia no es solo el precio de galán de telenovela. Pemex, como ese amigo que por fin se puso las pilas después de una década y media de promesas, rompió una racha de 15 años de caídas en la producción durante 2020, alcanzando un millón 705 mil barriles diarios. Este milagro, atribuido a la incorporación de nuevos campos, confirma que la paraestatal dejó atrás su etapa de adolescente confundido para convertirse en el adulto responsable que aporta el 98.8% de la producción nacional, dejando a las empresas privadas peleando por las moronas.
La familia de crudos también tiene su encanto y su propia personalidad. El Maya, el rudo y pesado de la casa, representa el 54% y es la estrella de exportación, el que paga las cuentas. Luego viene el Istmo, más ligero y bueno para las gasolinas, como el intelectual del grupo. Y finalmente, el Olmeca, un crudo súper ligero tan exclusivo que se dedica a los lubricantes y petroquímicos, básicamente el *sommelier* de los hidrocarburos.
Con el barril casi en triple dígito y la producción al alza, los expertos que pronosticaban el apocalipsis energético deben estar buscando una nueva profesión. Quizás puedan vender horóscopos, porque con el petróleo claramente no le atinaron ni por casualidad. Suena a que alguien les debe una disculpa.



