La jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha decidido que ya fue suficiente de dramas vecinales y presentó un plan maestro para transformar la Ciudad de México en una especie de comuna suiza, pero con más puestos de esquites. La nueva Ley de Cultura Cívica busca que los conflictos se resuelvan con diálogo en lugar de terminar en una batalla campal por el último lugar de estacionamiento.
La propuesta, enviada al Congreso el 14 de septiembre, es una joya de la diplomacia urbana. Si alguien se lleva sin permiso tu aguacate de 5 mil 800 pesos (unas 50 UMAS), ya no irá directo al bote. En su lugar, podría reparar el daño invitándote unos tacos o realizando trabajo comunitario, como enseñarle a bailar cumbia a los postes de luz. La idea es que la justicia sea más rápida y restaurativa, evitando que las fiscalías se saturen con casos de «me robaron mi Tupper».
Además, se implementarán juicios orales en los juzgados cívicos, que prometen ser más entretenidos que cualquier programa de chismes. Imaginen audiencias públicas donde las partes exponen sus argumentos en vivo y a todo color. «¡Juro por mi colección de estampitas que él movió mi maceta!». Se crearán también Centros de Gestión de Conflictos para intervenir antes de que el pleito por el ruido del vecino escale a una guerra con bocinas a todo volumen.
En resumen, la administración capitalina apuesta por una justicia que previene, dialoga y repara. Un modelo donde los problemas se resuelven hablando, transformando cada barrio en un territorio de paz y demostrando que hasta el conflicto más absurdo se puede solucionar sin necesidad de invocar a toda la familia.



