Trump propone un club de Tobi con Putin y Xi, y de paso asegura que Rusia trata a Ucrania con pinzas

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Donald Trump, en un giro de guion más inesperado que el final de una telenovela, ha decidido que es hora de una reunión de mejores amigos. Propuso una cumbre con sus colegas Vladimir Putin y Xi Jinping, pero no se confundan, la agenda no es esa cosita sin importancia llamada guerra en Ucrania. No, el tema principal es mucho más emocionante: las armas nucleares. Porque, ¿qué mejor para unir a las naciones que hablar de cómo podrían borrarse del mapa mutuamente?

Informe El Chapucero

Lo más alucinante de esta propuesta no es la lista de invitados, sino la justificación del propio Trump. Según el magnate, la guerra no es prioridad porque, y siéntense para esto, “Rusia se ha portado bien con Ucrania”. Esta afirmación es tan sensata como decir que el coyote es el mejor amigo del correcaminos o que tu suegra te adora en secreto. Es un nivel de desconexión con la realidad que ni el mejor guionista de ciencia ficción se atrevería a escribir.

Para rematar el despropósito, esta magna reunión para decidir el futuro de Ucrania se haría, por supuesto, sin Ucrania. Es como organizar una fiesta de cumpleaños sorpresa y no invitar al cumpleañero, pero sí discutir cómo se repartirá su pastel. Trump incluso sugirió que el lugar ideal sería China, probablemente porque la comida es buena y queda lejos de cualquier periodista que haga preguntas incómodas sobre la lógica del asunto.

Pero la cosa no acaba ahí. En esta realidad paralela, el principal obstáculo para la paz no es el país invasor, sino el invadido. Trump ha intensificado su presión sobre el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy, básicamente insinuando que si dejara de quejarse tanto, la guerra se acabaría solita. Es una estrategia tan brillante como culpar al suelo por haberse cruzado en tu camino cuando te tropiezas.

El plan maestro de Trump también incluye regañar a Rusia y China por no ser más duros con Irán y, ya que están, charlar un poco de comercio. La cumbre parece más una de esas reuniones de vecinos donde se empieza hablando de una gotera y se termina discutiendo de fútbol y política. El mundo espera con ansias esta mezcla de terapia de grupo y programa de telerrealidad, con el destino del planeta como premio de consolación.

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