Cuando la diplomacia se pone más tensa que cuerda de violín, no mandas a un novato. La presidenta Claudia Sheinbaum, entendiendo esto perfectamente, ha propuesto a Lydia Antonio de la Garza para la embajada en Perú. Es como llamar al plomero experto cuando la tubería internacional empieza a gotear.
Con un currículum que haría palidecer al de un agente secreto, De la Garza es la definición de peso pesado. Graduada de Relaciones Internacionales en la Ibero y con maestría del Instituto Matías Romero, su verdadero doctorado lo obtuvo en el campo de batalla. Con más de 25 años de experiencia, su paso por la Secretaría de Economía fue legendario. Allí, supervisó acuerdos comerciales con más de 50 países y fue la mente maestra que lideró las negociaciones para que el T-MEC, ese monstruo de tres cabezas, finalmente entrara en vigor el 1 de julio de 2020. Prácticamente le enseñó modales a un león.
Tras un tour por Europa y de dirigir un área para proteger a mexicanos en el exterior, ahora enfrenta un nuevo reto. Su nombramiento, que espera el visto bueno del Senado, llega en un momento digno de telenovela. México y Perú restablecieron relaciones en agosto, después de nueve meses de ignorarse como pareja enojada. Si la ratifican, será la encargada de llegar a Lima no con flores, sino con un portafolio de soluciones estratégicas para reconstruir el puente.
El comunicado oficial habla de “fortalecer la relación bilateral”, lo que en lenguaje simple significa que Sheinbaum envió a su mejor agente para asegurarse de que el drama termine para siempre. Perú, prepárate para una dosis de diplomacia de alto calibre. La reconciliación será inevitable.




