Flávio Bolsonaro recibe permiso para visitar a su papi, pero sin pedirle la bendición electoral

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En el último capítulo de la telenovela brasileña «Los Ricos También Conspiran», el joven aspirante a mandamás, Flávio Bolsonaro, finalmente ha recibido el visto bueno del estricto director del internado, también conocido como la corte suprema, para visitar a su padre, Jair, quien se encuentra en un retiro espiritual forzoso en su mansión. La reunión, cargada de más drama que final de la Copa del Mundo, se producirá justo cuando el muchacho se juega el todo por el todo en la segunda vuelta electoral.

Informe El Chapucero

El juez Alexandre de Moraes, actuando como un padre severo que le presta el coche al hijo pero le prohíbe ir a fiestas, le ha concedido el permiso con una letra pequeña más larga que los créditos de una película de superhéroes. Flávio podrá abrazar a su progenitor, preguntarle si ya comió y si se tomó las pastillas, pero tiene terminantemente prohibido hablar de «cosas de la oficina». Nada de estrategias electorales, ni de pedirle consejos sobre cómo ganar votos. Es como juntar a dos fanáticos del fútbol antes de un clásico y pedirles que hablen del clima. ¡Una misión imposible!

Recordemos que al senador le pusieron un alto de tres meses por jugarle al vivo. Resulta que en una transmisión por YouTube, se le «escapó» una cartita de su papá, violando la regla de oro: «Jair no puede tuitear, ni postear, ni mandar señales de humo con fines políticos». Flávio ahora llora por los rincones, diciendo que fueron «más de tres meses sin poder verlo», con la misma angustia de un adolescente al que le quitan el móvil. Afirma que la decisión fue «inhumana», como si en lugar de prohibirle una visita le hubieran obligado a ver todas las temporadas de un programa de chismes.

Mientras tanto, Jair Bolsonaro, el líder de la derecha que cumple una condena de 27 años desde la comodidad de su hogar por intentar un «pequeño» golpe de Estado, espera a su hijo. Su arresto domiciliario, justificado por una puñalada que lo convirtió en el mártir oficial de la campaña de 2018, es el centro de operaciones desde donde su fantasma político sigue moviendo los hilos. Su esposa Michelle ya había adelantado que andaba «ansiosa», probablemente porque se le acabaron las series en la plataforma de video.

Flávio, que ha basado toda su campaña en ser «el hijo de mi papá», ya sueña despierto con la escena final. Si gana, quiere que su padre, cual rey en su castillo, le coloque la banda presidencial. Un traspaso de poder de telenovela que dejaría en claro que, en Brasil, la política es, antes que nada, un negocio familiar que se hereda con todo y los problemas con la justicia. A ver si en la visita se aguantan las ganas y no terminan dibujando un plan de gobierno en una servilleta.

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