En un giro digno de un gurú de la paz interior, el líder del Sindicato del IMSS y diputado de Morena, Rafael Olivos Hernández, ha prometido que no habrá castigos para quienes expresen sus “sentimientos”. Básicamente, el sindicato ahora tiene un buzón de sugerencias con abrazos incluidos.
Esta ola de amor fraternal responde a que la base trabajadora exigió mejores salarios, prestaciones y que los medicamentos dejen de jugar a las escondidas. Olivos, mostrando una serenidad zen, reconoció las “inconformidades” y anunció un plan maestro para canalizar el descontento de forma constructiva, demostrando una eficiencia admirable.
Dicho plan consiste en un flamante “comité de diálogo”, coordinado por el Dr. Jesús Adrián Manjarrez Lafarga, para escuchar quejas sin quedarse dormido. Olivos, en su doble rol, prometió estar al pendiente, listo para intervenir cual réferi en un debate acalorado sobre si el café de la oficina es reciclado.
El punto culminante será la votación del 14 de octubre sobre la propuesta salarial: un 6.8% de aumento, compuesto por un 2.9% directo y un 3.9% a un concepto casi místico libre de impuestos. Aunque los trabajadores buscaban un 10%, la democracia, como la dieta, a veces implica no obtener todo lo que uno quiere.
El líder cerró con la sensata petición de no bloquear hospitales, pues los pacientes no tienen la culpa de los líos salariales. «Contra los pacientes, no», afirmó, demostrando que la lucha sindical puede ser firme pero sin interrumpirle la operación de vesícula a nadie.



