Leyendas del Tri casi se arreglan a golpes por un autógrafo

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Ah, Francia 1998. La ‘Cuauhtemiña’, los goles del ‘Matador’ y los uniformes de Jorge Campos que parecían un derrame tóxico. Según Claudio Suárez, el verdadero espectáculo ocurrió fuera de la cancha, donde dos leyendas decidieron que la diplomacia estaba sobrevalorada antes de un partido crucial.

Informe El Chapucero

Justo antes de enfrentar a Países Bajos el 25 de junio, con la clasificación en juego, la tensión no estaba en el vestidor, sino en el lobby del hotel. Jorge Campos, el portero-fashionista, y Cuauhtémoc Blanco, el genio de Tepito, tuvieron un acalorado desacuerdo sobre cómo atender a los aficionados que pedían autógrafos. Lo que empezó como un simple intercambio de opiniones profesionales escaló a un nivel que solo puede describirse como ‘dos tíos muy tercos a punto de usar sus manos para algo más que firmar camisetas’. Un calentamiento poco ortodoxo.

Lo más increíble es que este drama de telenovela no afectó en nada el rendimiento del equipo. Tras vencer 3-1 a Corea del Sur el 13 de junio y empatar 2-2 con Bélgica una semana después, el Tri sacó otro empate 2-2 contra los neerlandeses para avanzar invicto. Blanco y Luis Hernández siguieron anotando como si nada. Es como descubrir que los Beatles se peleaban a almohadazos antes de grabar *Abbey Road*; el resultado final fue igual de brillante, aunque el proceso interno fuera un completo circo.

Al final, la aventura mexicana concluyó el 29 de junio con una derrota 2-1 ante Alemania, pero la anécdota queda. Demuestra que para ser una leyenda del futbol mexicano, no solo necesitas un talento descomunal, sino también la admirable capacidad de querer estrangular a tu compañero y luego salir a jugar como un profesional.

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