La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, se daría una vuelta por Palacio Nacional. La visita ocurre tras el dramón nacional porque el diplomático, junto al gobernador Mauricio Kuri, se emocionó de más poniendo la primera piedra de una academia policial en Querétaro el 2 de octubre.
El evento, anunciado como el primero en su tipo en Latinoamérica, aparentemente olvidó un pequeño detalle: el papeleo. En un arranque de entusiasmo digno de inaugurar una kermés, colocaron el ladrillo sin la bendición formal del Gobierno Federal. Sheinbaum, con la paciencia de una maestra de kínder, explicó el 6 de octubre que no es mala onda, pero que la participación de agencias extranjeras en proyectos de seguridad requiere el visto bueno del Grupo de Alto Nivel de Seguridad (GANSEG). Es como invitar a un amigo a tu casa, pero avisarle primero a tus papás. La Cancillería, que recibió el aviso pero sin detalles, se ofreció a ayudar a llenar los formularios.
A pesar del pánico mediático, la visita del 8 de octubre no fue para un regaño con café frío. El embajador simplemente acompañaba a una manada de empresarios de la American Chamber. Mientras los opinólogos preparaban sus columnas sobre una crisis diplomática por un tabique, la agenda real trataba de inversiones y negocios. Porque, al final del día, el dinero habla más fuerte que una pala ceremonial.
Así que, mientras unos veían tensión, otros veían transacciones. Queda la duda de si a Johnson le hicieron llenar un formulario para entrar al baño. Por si acaso, mejor siempre tener los permisos en regla, no vaya a ser.



