Sergio “Checo” Pérez llegó al Showrun de la Ciudad de México con la idea de que el público solo aparece cuando hay trofeos en la vitrina. Lo que encontró en Paseo de la Reforma fue otra cosa: miles de personas que lo recibieron como si hubiera ganado el campeonato mundial con un solo tanque de gasolina.
Durante la conferencia de prensa del jueves, el piloto tapatío admitió que el respaldo superó cualquier cálculo. Reconoció que en sus mejores épocas con Red Bull el cariño era constante, pero esta vez llegó sin resultados brillantes y aun así la multitud lo trató como estrella principal de la función.
El evento reunió a aficionados de todas las edades que siguieron cada maniobra de la exhibición con el mismo entusiasmo de un Gran Premio. Pérez destacó que la diferencia radicó precisamente en el momento: el apoyo llegó cuando menos lo esperaba, sin podios ni victorias recientes que justificaran el alboroto.
La experiencia le permitió comprobar que la relación con su público no depende de posiciones en la tabla. Para el mexicano, la jornada se convirtió en una demostración de que el vínculo va más allá de los resultados deportivos y se mantiene incluso en etapas complicadas.
Al final del día, Checo se fue con la certeza de que el afecto recibido en la capital tiene otro peso cuando no viene acompañado de triunfos. La respuesta del público le dejó claro que, en México, el respaldo puede llegar aunque el auto no cruce primero la meta.




