El Ejecutivo presentó al Congreso una Ley de Rescate Económico que entrega facultades extraordinarias al presidente durante medio año para suprimir, fusionar o partir ministerios como si fueran piezas de lego. La idea es eliminar duplicidades y mover funcionarios de un lado a otro sin aumentar el gasto. Todo debe justificarse con criterios de eficiencia fiscal y sin tocar derechos laborales ya adquiridos.
Las entidades públicas tendrán que reducir a la mitad, en 2027, los contratos de personal de apoyo y servicios profesionales. Entre 2027 y 2030 los gastos en bienes y servicios no podrán crecer más que la inflación del año anterior. Además, en 2028 los gastos de funcionamiento bajarán un 20 por ciento nominal, salvo los de la Fuerza Pública, y en los años siguientes solo podrán subir medio punto por encima de la meta de inflación.
Otra jugada consiste en vender muebles, inmuebles y acciones estatales a través de la Central de Inversiones. El dinero obtenido irá al presupuesto nacional y, durante cuatro años, al menos la mitad servirá para pagar la deuda. Las entidades deberán identificar qué bienes ya no les hacen falta y entregarlos para su comercialización.
En materia de seguridad social, el proyecto exonera a ciertas empresas de aportes al Sena y al ICBF, pero sube la cuota de salud que pagan los trabajadores según su sueldo. Quien gane hasta un salario mínimo aportará el 4 por ciento, mientras que quien reciba entre 20 y 25 salarios mínimos llegará al 8 por ciento. Parte de los recursos de las cajas de compensación también se redirigirá al aseguramiento en salud.
El articulado también eleva el impuesto al consumo de licores, vinos y tabaco. Por cada botella de 750 centímetros cúbicos se pagarán 750 pesos más un 35 por ciento adicional, y la tarifa específica se actualizará cada año con la inflación más cuatro puntos. El recaudo extra se destinará a financiar el sistema de salud.
Si el Congreso aprueba el paquete, el presidente podrá jugar a las sillas musicales con la estructura estatal mientras el ciudadano común paga más por su cerveza y su cigarrillo para que las cuentas cuadren.




