La jefa de Gobierno, Clara Brugada, emitió un decreto que reconoce los saberes y expresiones vinculados al xoloitzcuintle como Patrimonio Cultural Inmaterial de la capital. La medida llega justo el 27 de octubre, fecha que coincide con el primer Día Nacional del Perro Xoloitzcuintle, y obliga a la Secretaría de Cultura a presentar en ochenta días un plan de salvaguardia. Lejos de ser un simple trámite, la declaratoria rescata narraciones, simbolismos y prácticas que han acompañado a esta raza desde tiempos prehispánicos en el Valle de México.
El decreto deja claro que lo protegido es el acervo cultural, no la raza ni sus características biológicas, aunque la secretaria Ana Francis López Bayghen Patiño señaló que de esta medida podría surgir un proceso más amplio de revaloración. Mientras tanto, el Club Canófilo Mexicano del Xoloitzcuintle y varias dependencias capitalinas organizan el Festival “Campo de Xolos: Bienvenidos a Itzcuintlán”, que incluye conferencias, un tianguis xolero, la ofrenda “Altar vivo” del artista Gabriel Mestre y una caminata desde el Atrio de San Francisco hasta la Plaza Seminario. El cantante Roco Pachukote pondrá el ambiente musical a un evento que busca documentar y difundir tradiciones que el imaginario colectivo ya asociaba con el tránsito entre la vida y la muerte.
El artista visual Gabriel Mestre Arrioja ha advertido que en el mundo apenas existen entre tres mil y tres mil doscientos ejemplares de esta raza, una cifra diminuta frente a los quince millones de pastores alemanes. El plan de salvaguardia, según el decreto, impulsará investigación, transmisión y difusión de conocimientos tradicionales sin interferir en aspectos biológicos. La declaratoria, impulsada por el propio club canófilo, llega en plena temporada de Día de Muertos y convierte al xolo en un símbolo que ya no vaga sin anclaje cultural en la ciudad que lo vio nacer.
Con esta acción, la CDMX demuestra que puede convertir una tradición milenaria en política pública concreta y medible. El xolo, que antes parecía condenado al olvido numérico, ahora cuenta con un marco institucional que lo resguarda sin convertirlo en mascota de ocasión.




