La empresa de inteligencia artificial abrió sus libros justo después de una semana catastrófica para el sector y, contra todo pronóstico, los posibles accionistas no huyeron despavoridos. En cambio, se fijaron en los dieciséis mil trescientos millones de dólares facturados en el primer semestre, un salto del mil trescientos por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. La cifra ya era esperada, pero lo que realmente los dejó con la boca abierta fue la forma en que Claude se está metiendo en empresas de todo tipo sin depender de solo cinco clientes gordos.
Según el documento, el setenta y nueve por ciento de los ingresos de los primeros nueve meses de dos mil veintiséis provino de fuera de ese puñado de grandes pagadores. Un gestor de fondos lo definió como una cifra bastante sólida, algo así como tener la nevera llena sin que todo dependa de que tu suegro te invite a cenar cada domingo. Esa diversificación pareció tranquilizar a más de uno que temía que el negocio se derrumbara si un solo contrato se esfumaba.
Otro detalle que llamó la atención fue el montón de ciento treinta y un mil setecientos millones de dólares en efectivo que la compañía tenía a finales de junio. Después de haber recaudado ciento cuarenta y un mil millones, solo se habían gastado nueve mil en montar el tinglado. Los analistas lo compararon con alguien que pide un préstamo enorme para comprarse una casa y todavía le sobra para llenar el garaje de latas de atún por si acaso llega el apocalipsis.
El entusiasmo se notó de inmediato en los mercados. El Nasdaq subió un uno coma uno por ciento y el índice de semiconductores ganó casi un tres por ciento, como si los inversores hubieran decidido que ya era hora de dejar de llorar en la esquina. Meta, por su parte, amplió su venta de acciones hasta casi noventa y ocho mil millones de dólares, aprovechando que el ambiente parecía menos hostil que la semana anterior.
En resumen, el papeleo de Anthropic consiguió que el miedo se quedara en el vestuario y que la codicia volviera a salir a jugar. Nadie sabe aún quién ganará la carrera de la inteligencia artificial, pero por ahora todos prefieren llevar un poco de cada acción en la cartera antes que apostar todo a un solo número. Al final, parece que tener tanto dinero en el banco sigue siendo el mejor chiste para que los adultos sigan riendo.




