Catrina gigante del Zócalo extiende su estancia por puro éxito desmedido

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La jefa de Gobierno Clara Brugada anunció que la Catrina más alta del mundo no se va del Zócalo hasta el 11 de noviembre, porque el público decidió que una esquelética de 33 metros merece más que un fin de semana de fama. La pieza, que ya rompió récord mundial, se queda para que nadie diga que la capital solo sabe armar espectáculos de un día.

Mientras tanto, la derrama económica del fin de semana alcanzó 36 mil millones de pesos: 21 mil de la Fórmula 1 con 405 mil asistentes y más de 15 mil de turismo, comida, ofrendas y hoteles que tocaron 92 por ciento de ocupación. Ocho millones de personas recorrieron la ciudad en diez días, entre desfiles, alebrijes y el sendero de cempasúchil. Brugada describió el contraste como velocidad de pista combinada con raíces milenarias, sin que ninguna de las dos se tropiece. La figura, construida con fibra de vidrio, acero y luces LED inspiradas en bordados de Tenango, brilla por las noches como si supiera que su trabajo apenas comienza. El Taller de Arte Xibalbá la armó para rendir homenaje a Posada y Rivera, y ahora parece que la propia Catrina cobró vida para alargar la fiesta.

Al final, la capital demostró que puede mezclar autos que van a 300 kilómetros por hora con una calavera de tres pisos que no tiene prisa por retirarse. El resultado es simple: más días de visita, más millones en la calle y una ofrenda que se niega a terminar cuando la gente todavía quiere fotos.

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