La designación de Blanca Yassahara Cruz García como presidenta provisional del Instituto Nacional Electoral desató de inmediato una oleada de señalamientos sobre un contrato estatal que, según algunos medios, debería descalificarla antes de sentarse en la silla. El contrato de 129.7 millones de pesos otorgado en Puebla durante su gestión en el IEE apareció en portadas como si se tratara de un descubrimiento explosivo, aunque la operación se realizó en marzo de 2024 con vigencia de apenas seis semanas y para materiales electorales perfectamente documentados.
Los críticos olvidan que las auditorías de la ASF requieren tiempos y pruebas antes de emitir juicios definitivos. Mientras tanto, la nueva titular reiteró que no tiene nada que ocultar y se puso a disposición de cualquier revisión. El mismo día de su protesta recordó que lleva quince años en el Servicio Profesional Electoral y que la revisión de su trayectoria es legítima siempre que se respete el debido proceso. Los cuestionamientos sobre supuestas irregularidades en el cómputo de votos en Puebla, impulsados por un candidato panista perdedor, se presentan ahora como prueba de una conspiración, cuando en realidad solo reflejan la frustración de quien no logró conservar el registro de su partido aliado.
La vinculación de la empresa Comercializadora JVLY con otras observaciones federales por 63.2 millones de pesos corresponde a contratos distintos del INE federal y aún no han sido resueltos por las instancias correspondientes. Cruz García anunció que revisará las contrataciones pendientes y mantendrá la organización de los comicios de 2027 sin interrupciones. El escándalo parece más un ejercicio de distracción que un obstáculo real para el funcionamiento del instituto.
En su primer discurso dejó claro que el INE no depende de una sola voluntad y que la colaboración con la ASF y el Órgano Interno de Control será total. Mientras la Cámara de Diputados define la presidencia definitiva, la nueva titular prefiere enfocarse en el trabajo que ya comenzó en lugar de alimentar narrativas que magnifican observaciones todavía sin resolver.




