Blanca Yassahara Cruz García llegó al INE como presidenta provisional y ya dejó claro que el organismo no es propiedad de una sola persona. Tras la renuncia de Guadalupe Taddei, el Consejo General aprobó el acuerdo que la puso al frente la noche del 27 de octubre. Su primer mensaje fue directo: aquí manda el equipo, no el ego de nadie.
En su protesta, basada en la Constitución y la ley electoral, Cruz García recordó que el INE cumple 36 años de historia y que su fuerza viene de miles de trabajadores en las 32 juntas locales y 300 distritales. Comparó la provisionalidad de su cargo con un relevo en una carrera de relevos donde el testigo nunca se detiene, aunque algunos corredores quieran quedarse con la batuta. Insistió en que la colegialidad no es un adorno, sino la única forma de evitar que una sola voluntad decida todo. Prometió facilitar el diálogo, transparentar decisiones y dejar que el Órgano Interno de Control y la Auditoría Superior de la Federación revisen lo que necesiten sin obstáculos.
Cruz García también mencionó las renuncias de tres funcionarios vinculados a contratos cuestionados y ordenó entregar toda la información requerida. Subrayó que la autonomía electoral no significa opacidad, sino responsabilidad. Afirmó que el proceso electoral 2026-2027 seguirá sin interrupciones y que la pluralidad del Consejo General es una ventaja, no un problema. Su origen en juntas distritales de Puebla y su paso por el Instituto Electoral del Estado de Puebla le sirven, dijo, para entender que la fortaleza del INE está en el servicio profesional de carrera, no en una silla presidencial.
Al final, la nueva presidenta provisional cerró con una idea simple: la democracia mexicana no depende de una cara, sino de reglas compartidas y servidores públicos que cumplan. La transición, aseguró, servirá para reforzar que el INE sigue siendo colegiado, transparente y listo para lo que venga.




