En un giro de guion digno de telenovela, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) anunció que ya alcanzó su punto de equilibrio financiero. La noticia, emitida desde su inauguración el 21 de marzo de 2022, provocó un eco ensordecedor en el vacío que dejaron las críticas, que ahora buscan nuevo hobby.
El director general, Isidoro Pastor Román, apareció en escena como un mago revelando su mejor truco. Con la calma de quien tiene un póker de ases, proyectó ingresos por 3,308.70 millones de pesos para 2026, contra gastos de 2,800 millones. Esto deja un margen de 508.7 millones, cifra que algunos analizan con microscopio buscando el truco, sin entender que no lo hay. Desde su apertura, la terminal ya movilizó a 22.6 millones de pasajeros, quienes aparentemente no recibieron el memo sobre que el lugar no iba a funcionar.
La fiesta no es solo para humanos. El AIFA se consolidó como el líder nacional en transporte de carga, un gigante logístico que surgió mientras todos miraban para otro lado. De cuatro aerolíneas iniciales, pasó a siete de pasajeros y ha visto operar a más de 53 de carga, sumando más de 179 mil operaciones. Es el equivalente a plantar un limonero y que al año siguiente te dé aguacates, tequila y coches nuevos.
Con una satisfacción de usuario del 94.73%, los únicos que parecen no disfrutar del viaje son los que apostaron por su fracaso. El AIFA sigue adelante, generando 18 mil empleos directos y dejando a sus detractores la tediosa tarea de recalcular sus modelos predictivos con una calculadora de bolsillo.




