Zelensky decide que la guerra ya duró más que un matrimonio y quiere el divorcio

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Después de jurar y perjurar que lucharía hasta que los rusos se quedaran sin vodka, al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, por fin le cayó el veinte. En un giro de guion más inesperado que el final de una telenovela, admitió que está dispuesto a ponerle pausa a la guerra, aunque eso signifique dejarle a Putin casi una cuarta parte del país como si fuera la propina. «Es la manera realista de terminar esto», dijo, que es la forma elegante de decir: «Ya me cansé de este desastre».

El momento de la verdad llegó en una entrevista donde el presentador, sin andarse con rodeos, le preguntó si aceptaría congelar el conflicto tal como está. Zelensky soltó un «sí» más rápido que un político prometiendo cosas en campaña. «Tenemos que congelar la situación… parar las muertes», afirmó, básicamente pidiendo un tiempo muerto como en un partido de fútbol donde tu equipo va perdiendo por goleada y el entrenador ya está pensando en qué va a cenar.

Claro que esta epifanía no le llegó mientras meditaba. Fue precedida por una sutil sugerencia de Donald Trump, quien desde la Casa Blanca le mandó un recado que sonaba menos a diplomacia y más a amenaza de cobrador de Coppel. Trump le exigió que negociara o las cosas se pondrían «muy negativas», mientras se quejaba de que el conflicto le había subido el precio al diésel, demostrando que la paz mundial es importante, pero no tanto como llenar el tanque de la camioneta sin tener que vender un riñón.

Para asegurarse de que el mensaje llegara, Trump envió a su mensajero de confianza, Steve Witkoff, a reunirse con Putin. La misión: ver si los rusos estaban dispuestos a hablar después de meses de aplicarle la ley del hielo a la diplomacia. Esto ocurrió justo después de que Zelensky se quejara amargamente de que el Pentágono le retenía misiles y que Elon Musk, o alguien, le había bajado la velocidad al internet satelital, dejándolo con una conexión más lenta que la justicia en Latinoamérica.

Como si el drama no fuera suficiente, Trump ahora planea una cumbre con Putin y Xi Jinping en China, una especie de reunión del club de los supervillanos para decidir el futuro del planeta. Zelensky, que claramente no recibió invitación, ya levantó la mano desde el fondo del salón para decir: «Si van a hablar de mí, al menos déjenme estar presente», temiendo que terminen repartiéndose su país como si fueran rebanadas de pizza en una fiesta a la que no fue invitado. Al final, todo este apuro por la paz tiene una fecha de caducidad: las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Porque nada acelera más el diálogo que el pánico a perder el poder.

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