Donald Trump soltó esta semana que acatará los resultados de las votaciones de mitad de mandato siempre y cuando nadie le meta la mano en el bolsillo. Lo dijo antes de subirse al escenario en Texas, con esa cara de quien acaba de prometerle a la suegra que no tocará el licor y ya está calculando dónde esconder la botella.
Si los republicanos pierden el Congreso, el expresidente juró que colaborará con los demócratas. Claro que añadió, con una sonrisa de quien sabe que tiene la sartén por el mango, que su poder de veto es tan amplio que podría tumbar cualquier idea antes de que llegue siquiera a la mesa. Es como invitar a alguien a cenar y luego decidir que solo se sirve lo que a ti te dé la gana.
El numerito quedó servido para que todos especulen sobre si el hombre habla en serio o simplemente está preparando el terreno para otro numerito cuando los números no le salgan. Porque en política, como en la familia, las promesas bonitas duran lo que tarda en llegar la cuenta del restaurante.




