El delantero francés metió la pata hasta el fondo al elegir una imagen humorística donde su cara aparecía sobre el cuerpo de Mao Zedong y lo llamó dictador chino sin pensar en las consecuencias. Las empresas Dongpeng, Mengniu y Milkground cortaron los contratos como quien corta un chorizo en plena comida familiar, alegando que no toleran ofensas al sentimiento nacional.
El Ministerio de Asuntos Exteriores chino respondió con cara seria pero educada, aceptando las disculpas que Mbappé soltó a toda prisa. El jugador aseguró que respeta al pueblo chino y su historia, aunque ya era tarde para evitar que los partidos desaparecieran de las pantallas del país asiático.
El Real Madrid y la Liga también se pusieron de rodillas pidiendo perdón, como quien pide disculpas a la suegra después de un chiste mal contado en la mesa. El grupo de medios estatales exigió explicaciones formales y recordó que cruzar líneas rojas convierte a cualquiera en un lastre para las marcas.
Mientras tanto, en Pekín algunos ciudadanos comentaban que la reacción parecía exagerada y que quizá se trataba de otra tormenta en un vaso de té. Otros ni siquiera sabían exactamente qué había dicho Mbappé debido a la censura, pero imaginaban que algo político había pasado.




