Antes del Gran Premio de México, los aficionados de la Fórmula 1 celebran la renovación de Sergio Pérez con Cadillac hasta 2029, como si alguien hubiera regalado boletos gratis para el Autódromo Hermanos Rodríguez. El equipo confirmó la extensión multianual, y el piloto jalisciense disputará su carrera número 300 en casa, entre vítores y una exhibición en Paseo de la Reforma que dejó a la capital convertida en pista improvisada.
La noticia llegó con el timing perfecto. Mientras el monoplaza de Cadillac busca madurar como un guiso que necesita más fuego, la experiencia de Pérez resulta clave para ajustar chasis, protocolos de pitlane y la coordinación entre Silverstone, Indianápolis y Charlotte. El volante tapatío ha aportado datos técnicos que aceleran el desarrollo del coche, algo así como enseñar a un cachorro a correr sin tropezar con sus propias patas. El acuerdo garantiza estabilidad en un equipo nuevo que aún aprende a caminar en la parrilla más exigente del mundo.
Dan Towriss, directivo de la escudería, destacó que contar con el liderazgo de Pérez ofrece continuidad para subir posiciones. El propio Checo señaló que unirse desde el primer día fue un proyecto en el que creyó y que extenderlo resulta natural, aunque admitió que construir un equipo requiere tiempo, trabajo y paciencia. La afición mexicana ya prepara el recibimiento en el Foro Sol, lista para empujar al piloto hacia un resultado memorable en su gran aniversario.
El contrato deja a Pérez enfocado en lo que sigue: sumar puntos, optimizar el coche y demostrar que la veteranía también sirve para construir algo sólido desde cero.




