Lula acorrala a Bolsonaro con una propuesta: ¿más fiesta para el pueblo o más billetes para el jefe?

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Agárrense los machos, porque el circo político de Brasil acaba de estrenar su número más emocionante, digno de una final de la Copa Libertadores pero con menos patadas y más puñaladas por la espalda. El veterano Luiz Inácio Lula da Silva, en un movimiento más astuto que un coyote con doctorado, ha decidido usar el Senado como su propio programa de concursos para poner a Flávio Bolsonaro entre la espada y la pared. El premio gordo: que la prole trabaje cinco días y descanse dos. ¡Una auténtica locura!

Informe El Chapucero

En un video que olía a salseo desde el primer segundo, Lula, con cara de «no rompo un plato pero tengo la vajilla completa en el maletero», le lanzó el guante a Bolsonaro. «¿Y tú qué, campeón? ¿Vas a votar para que la gente pueda por fin ver un partido de fútbol completo el sábado o vas a seguir defendiendo que el lomo del trabajador es un recurso renovable?». El mensaje era claro: ha llegado la hora de que el pueblo sepa quién quiere verlos con los pies en alto viendo la tele y quién los prefiere encorvados sobre una máquina hasta el día del juicio final.

La propuesta, que suena a música celestial para cualquiera que haya trabajado seis días seguidos, busca acabar con la escala 6×1, un sistema laboral que parece diseñado por el mismísimo diablo para que solo tengas tiempo de dormir, trabajar y lavar la ropa interior del domingo. Lula, cual hada madrina de los sindicatos, defiende la idea para que «la familia pueda estar junta» y las mujeres, que ya cargan con el peso del mundo, al menos tengan un día extra para planear la revolución. Por supuesto, el presidente no perdió la ocasión para meter otro tema en la licuadora, prometiendo un nuevo Ministerio de Seguridad y soltando la frase de película de acción: «Para el pueblo trabajador, protección, para el bandido, la cárcel». Pura poesía de campaña.

Ahora la pelota está en el tejado de Bolsonaro, quien se encuentra en una situación más incómoda que un pingüino en el Sahara. Si vota a favor, le da una victoria a su archienemigo. Si vota en contra, se corona como el Grinch del descanso semanal frente a millones de votantes agotados. Mientras tanto, el resto de Brasil saca las palomitas para ver si esta telenovela termina con un final feliz para los trabajadores o si, como siempre, los únicos que descansan son los políticos. ¡Hagan sus apuestas

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