Los inversores brasileños vivieron una semana de puro infarto después de que Luiz Inácio Lula da Silva venciera a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta. El Ibovespa perdió un 18,1 por ciento en cinco días, la peor caída desde la pandemia, y el real se hundió como un buzo sin oxígeno frente al dólar. Nadie cerró en verde ni un solo día y el lunes el índice se fue a pique casi un 14 por ciento, obligando a suspender las operaciones como cuando en un bar cierran la cuenta porque alguien no paga la ronda.
El mercado apostaba a que Bolsonaro ganaría por dos millones de votos de ventaja tras la primera vuelta. Cuando llegó el resultado del 25 de octubre, los operadores se quedaron con la cara de quien acaba de descubrir que su suegra se muda a su casa. La victoria de Lula, que asumirá su cuarto mandato, rompió todas las expectativas y dejó a los ricos sudando como si les hubieran subido el alquiler un 300 por ciento.
**El real se va de vacaciones sin billete de regreso**
El dólar cerró a 5,444 reales, con una subida semanal del 9 por ciento, el mayor salto desde 2008. Los analistas explican que la fuga responde al miedo por el equipo económico y la política fiscal del nuevo gobierno. Nadie sabe si Lula logrará pagar más en educación y salud sin que las cuentas públicas terminen como una telenovela mexicana: mucho drama y cero final feliz.
**Bancos en rojo y mineras que salvan el día**
Mientras Santander Brasil, Itaú y Bradesco seguían cayendo como fichas de dominó, Vale y Petrobras lograron subir un poco y evitaron que el índice se fuera directo al infierno. El volumen negociado alcanzó los 43.500 millones de reales, suficiente para comprar varios estadios de fútbol y todavía sobrar para el asado.
Los mercados ahora esperan la próxima reunión del Copom sin recortes de tasas, porque nadie quiere soltar la plata hasta ver qué hace el nuevo gobierno con las finanzas públicas. Por ahora, los inversores se consuelan como pueden: mirando el calendario y contando los días que faltan para que pase la resaca electoral.




