Desde roma, en plena gira europea, el presidente josé antonio kast decidió ponerse el traje de superhéroe barato y asumir toda la responsabilidad por las rebajas de condenas que dejaron en libertad a 56 pederastas. En vez de pedirle la renuncia a su ministro de justicia fernando rabat, lo abrazó en público como quien protege su último cartón de cerveza en un asado.
El mandatario retó directamente a la oposición: si quieren presentar una acusación constitucional, que dejen de anunciar el platillo todos los días y lo sirvan de una vez. “Tienen una semana hablando del tema y no han movido ni un dedo”, soltó kast, como si estuviera regañando a los vecinos por no pagar la cuota del edificio.
Mientras tanto, los diputados de la oposición amenazaron con dejar sin un peso al ministerio de justicia hasta que rabat se vaya. kast respondió que esa jugada terminaría castigando a las víctimas, como si alguien le quitara el oxígeno al enfermo para castigar al médico torpe.
En el congreso, el senador iván flores acusó al presidente de “torear” al poder legislativo, como si kast estuviera en la plaza de toros y el congreso fuera el toro cansado de tanta vuelta. desde el partido socialista le recordaron que hay 56 familias sufriendo por la decisión de su ministro, mientras la diputada carolina tello le exigió que deje de hacerse el héroe si no está dispuesto a cambiar de equipo.
el resultado es un espectáculo digno de telenovela chilena de horario estelar: un presidente que asume culpas pero no suelta al ministro, una oposición que amenaza pero no ejecuta, y un país que observa cómo la justicia parece más un juego de sillas musicales que un sistema serio.




