Juez frena el plan de Trump para que los inmigrantes pagaran una cuenta más cara que la boda de un rey

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En un giro en la trama digno de una telenovela de las nueve, un juez federal le ha puesto un alto al más reciente concurso de «Hágase millonario a costa de otros», patrocinado por la administración de Donald Trump. La brillante idea consistía en cobrarles a los inmigrantes multas tan astronómicas que harían sudar frío al mismísimo Carlos Slim, solo por no hacer las maletas al segundo de recibir una orden de deportación. Pero el juez George O’Toole, desde su trinchera en Boston, sacó la tarjeta roja y dijo: «¡Así no se juega!».

Informe El Chapucero

Imagínense la escena: el gobierno de Trump 2.0, en modo «villano de telenovela recargado», desempolvó una ley de 1996 que nadie se había atrevido a usar, probablemente porque era más absurda que un pingüino en el Sahara. Con esta reliquia legal, empezaron a repartir multas de 998 dólares diarios, aplicadas con efecto retroactivo, hasta sumar la módica cantidad de 1.8 millones de dólares. Una cifra que, para la mayoría de la gente, es lo que cuesta comprar un país pequeño o una dotación vitalicia de aguacates.

El chiste se contaba solo. Resulta que para imponer estas deudas de infarto, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) usaba unos formularios de «copia y pega», sin siquiera molestarse en averiguar si la persona se había quedado a propósito o porque, digamos, se le perdió el mapa para salir. Para acelerar la repartición de deudas, eliminaron la cortesía de avisar con tiempo, como ese amigo que te cae de sorpresa en casa y se acaba toda tu comida.

Pero el juez O’Toole, que al parecer sí leyó el manual de instrucciones de «Cómo ser un gobierno 101», les dijo que sus multas eran más ilegales que ponerle piña a la pizza para un italiano. Concluyó que los formularios genéricos violaban la ley porque no explicaban por qué demonios alguien merecía semejante castigo financiero. Además, les recordó que cambiar las reglas del juego sin preguntarle a nadie es trampa. El Departamento de Seguridad Nacional, por su parte, aplicó la de «si no digo nada, a lo mejor no pasó» y se quedó más callado que político en detector de mentiras.

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